La falta de libertad. Esa es la principal sensación que vive el mundo desde la activación del estado de alarma por el COVID-19 el pasado 14 de marzo. Aunque ya se habían tomado medidas de confinamiento similares en China, Corea e Italia, la ciudadanía necesita prepararse psicológicamente para afrontar esta etapa sin precedentes.
Aunque no se puede comparar con ninguna situación vivida con anterioridad, sí se sabe que en periodos de aislamiento son frecuentes reacciones de estrés, ansiedad, irritabilidad, nerviosismo, confusión, miedo, culpa. En algunos casos, esto puede llevar a insomnio, dificultades de concentración, pérdida de eficacia en el trabajo y, a largo plazo, a síntomas de depresión y estrés postraumático.